Por Ruth Guerrero Calles
La pregunta “¿Quién soy?” ha acompañado a la humanidad desde siempre. En el camino del yoga, no es solo una cuestión filosófica, sino una experiencia viva que se explora en cada respiración y en cada postura. Practicar yoga no se limita al movimiento físico, sino que abarca un entendimiento más profundo de la mente y de la vida misma. Los yamas y niyamas —principios éticos y disciplinas internas— nos guían hacia una forma de vivir en armonía con nosotros y con el mundo. La mente, por naturaleza, tiende a la calma, pero las circunstancias externas despiertan en ella juicios, opiniones y criterios que alteran ese equilibrio. Para que esos pensamientos existan, se nutren de experiencias previas y de creencias aprendidas. Así, el yoga se convierte en un espacio donde podemos reconocer esas fluctuaciones y, poco a poco, regresar a la quietud esencial de nuestro ser.
Reconocer las fluctuaciones de la mente nos lleva a comprender qué es yoga. El sabio Patañjali definió el yoga como citta vritti nirodhah, es decir, el cese o aquietamiento de los movimientos de la mente. Esto no significa apagarla ni dejar de pensar, sino aprender a observar sin identificarnos con cada pensamiento, juicio o recuerdo que surge. Cuando practicamos yoga, desde la respiración consciente hasta una postura mantenida con atención plena, cultivamos la capacidad de estar conectados con el momento presente, con el “aquí y ahora” tan mencionado. La atención plena en yoga es unir el movimiento con la respiración, pero también es percibir con detalle lo que ocurre en el cuerpo: la activación de las bandhas (candados internos de energía) que se encienden y se apagan con la intención; la conciencia de separar los hombros de las orejas para liberar tensiones; la conexión con la respiración ujjayi que mantiene el ritmo interno; y la dirección de la mirada (drishti), que guía el enfoque mental. En cada postura, todos estos elementos nos anclan al instante presente, y es esa suma de atención y conciencia lo que convierte la práctica en un verdadero camino hacia la calma interior.
Cada situación, persona o circunstancia que nos saca de la paz interior nos está mostrando algo. Cuando aparece una emoción de rechazo, cuando sentimos que no aceptamos lo que estamos viviendo, lo que surge en realidad es información valiosa sobre nosotros mismos. Detrás de esas reacciones se encuentran huellas de experiencias pasadas: traumas guardados en el inconsciente personal, patrones compartidos en el inconsciente colectivo del que hablaba Carl Jung, o memorias transmitidas a través del inconsciente transgeneracional. El yoga, al entrenar la mente para permanecer en calma, nos ofrece la oportunidad de ver estas reacciones con mayor claridad. En la quietud de la práctica se abre un espacio donde las emociones pueden mostrarse sin que nos arrastren, y en ese observar comienza el proceso de transformación: dejamos de reaccionar de manera automática y empezamos a comprender qué hay detrás de lo que sentimos.
Y así comprendemos que las situaciones, circunstancias y hechos que vivimos no son enemigos de nuestra paz, sino espejos que nos enseñan sobre nosotros mismos. Cuando la atención deja de enfocarse únicamente en rechazar lo que sentimos y culpar al mundo o a los otros, se abre la posibilidad de ver la misma situación desde otra perspectiva. Una práctica constante de yoga nos permite reconocer al testigo interior, esa parte de nosotros que observa a la mente en su juego dual de “me gusta, no me gusta”, de “está bien, está mal”. Ese testigo no juzga, solo contempla, y al hacerlo nos da la oportunidad de descubrir aprendizajes, de crecer en aceptación y de profundizar en el conocimiento interior. Si miramos hacia las distintas religiones y sabidurías ancestrales, encontraremos un mensaje común: cuidar la mente, cuidar los pensamientos, reconocer la dualidad y entender que uno no existe sin el otro, que todo se sostiene en equilibrio. En ese orden de ideas, el yoga es una vía para calmar la mente y reconocer al verdadero yo, ese que observa sin identificarse. Al comprenderlo, recordamos que no estamos separados, que más allá de las diferencias de ideologías, acciones o creencias, todos pertenecemos a un mismo todo.
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Buena reflexión para pensar …El Ser complejo y su intrincado mundo psíquico oculto en traumas manifiestos puede encontrar tranquilidad momentánea a sus inquietudes a través de distintos estímulos, la interpretación y acompañamiento para desentramar los traumas latentes, es una herramienta psicológica de mucho apoyo en esa búsqueda siempre precaria y llena de conflicto que configura al Ser.