Opinión

Una lectura de Heidegger desde lo cotidiano: una aproximación a Ser y tiempo (Temporalidad, propiedad e impropiedad y la mundanidad)

Por Luis Guerrero. Cuarta parte

En la anterior entrega explicamos que Martin Heidegger (MH) aborda la analítica existencial como un camino para comprender las características propias de la existencia humana, las del Dasein. No se trata de una antropología ni de recurrir a la psicología que, si bien explican al ser humano, no explicitan su ser. El camino para responder a la pregunta ¿qué significa ser? requiere adentrarse en las decisiones, los hábitos, las formas de relacionarnos con los demás, los comportamientos y las maneras particulares de existir. A este ámbito concreto de la existencia lo reconocemos como lo existentivo (existenziell), es decir, lo óntico. Asimismo, abordamos los elementos constitutivos del Dasein y sus relaciones, situándonos en el ámbito ontológico: sus estructuras existenciales (Existenzialität), que permiten comprender las condiciones que hacen posibles sus conductas y posibilidades. El Dasein no solamente existe, sino que se comprende e interpreta existiendo. Uno de esos elementos constitutivos es el ser-en-el-mundo.

Lo óntico concierne al ente y a su existencia concreta; lo ontológico, al ser del ente y a las estructuras que hacen posible su existencia. Son dos dimensiones diferenciadas de la investigación y la comprensión del ente. La autocomprensión del Dasein es, en principio, implícita: comprende e interpreta el ser sin que necesariamente lo convierta en objeto de reflexión. El horizonte desde el cual comprende el ser es la temporalidad, cuestión que abordaremos con detalle más adelante. Aquí podemos establecer una comparación, con sus diferencias, con el a priori kantiano. En Kant, el tiempo es una forma a priori de la sensibilidad; en Heidegger, la temporalidad constituye una estructura fundamental del Dasein. No se trata del tiempo del reloj ni de una sucesión de instantes, sino de una existencia que se proyecta hacia el futuro, comprende desde su pasado y se realiza en el presente. Nuestra comprensión del ser está condicionada por esta constitución temporal.

El Dasein existe proyectándose en sus posibilidades. A diferencia de los objetos que pueden ser observados teóricamente como algo simplemente presente (Vorhandenheit), cuyas propiedades podemos describir, el Dasein se comprende desde sus posibilidades y puede asumirlas como propias. En este sentido, puede existir de manera propia o impropia. Cuando no reconoce sus posibilidades como propias, puede comprenderse y conducirse como si fuera una cosa, un qué, en lugar de reconocerse como un quién. Sin embargo, como advierte Heidegger, «la impropiedad del Dasein no significa, por así decirlo, un ser “menos” o un grado de ser “inferior”». Por el contrario, puede determinarlo en sus actividades, motivaciones, intereses y goces. La propiedad y la impropiedad son, por tanto, maneras de existir del Dasein, no grados de superioridad o inferioridad.

Estas maneras concretas de existir permiten hacer visible aquello que las hace posibles: las estructuras ontológicas del Dasein. No basta con preguntarle directamente cómo comprende su existencia, pues esa comprensión no necesariamente es explícita ni temática. La analítica existencial busca mostrar las estructuras que ya están operando en su vida cotidiana, a partir de cómo el Dasein se manifiesta en sí mismo y desde sí mismo.

El estado fundamental del Dasein es el ser-en-el-mundo. No nos referimos a una posición o ubicación con respecto al resto de los objetos, sino a que el Dasein ya se encuentra involucrado en un mundo de relaciones y significaciones, ocupado en las cosas que lo rodean de una manera fluida y familiar. Son los entes a-la-mano (Zuhandenheit), aquellos con los que nos relacionamos en nuestras actividades cotidianas. Pensemos en un albañil que utiliza hábilmente un martillo. Como señala Heidegger: «…cuanto mejor se eche mano del martillo usándolo, tanto más originaria será la relación con él, tanto más desveladamente comparecerá». El martillo no aparece como un objeto aislado, sino dentro de una totalidad de referencias prácticas: remite al clavo, este a la madera, la madera a la cimbra y, junto con otras herramientas, a la construcción de una habitación. El albañil no necesita conocer conceptualmente las propiedades de cada herramienta para utilizarla; se relaciona con ellas desde la actividad que realiza. En esa familiaridad se manifiesta su ser-en-el-mundo.

Ese mundo no debe confundirse con el universo o la totalidad de los objetos físicos. Es, ante todo, un entorno de relaciones significativas, una totalidad de referencias que hace posibles nuestras actividades y propósitos. El mundo concreto del albañil no es el mismo que el del cirujano en un quirófano: sus actividades, herramientas y referencias son distintas. Sin embargo, ambos comparten una estructura fundamental de su existencia. Heidegger denomina «mundanidad» a esa estructura ontológica del mundo. No se trata de un objeto más ni de la suma de las cosas que nos rodean, sino de aquello que hace posible que el mundo se manifieste como una totalidad de significaciones.

Así, las actividades y relaciones concretas del Dasein expresan su existencia en el mundo, pero lo fundamental es que el ser-en-el-mundo no es una relación que se establezca después entre un sujeto y los objetos que lo rodean: es una estructura constitutiva de su existencia. De la misma manera que el Dasein es en el mundo, también es con otros. Esto último será tema de nuestra próxima entrega. Hasta pronto.

Imagen: ‘El Tiempo y las viejas’, Francisco de Goya/ https://es.wikipedia.org/wiki/El_Tiempo_y_las_viejas

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