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Ríos y Tuxpan

Cuando uno ve los grandes ríos pareciera que son eternos. En lo alto sobre su cruce no se alcanza a divisar su origen, destino, curso, su ¿por qué existen? En el alma siempre quedan grabados momentos de reserva infantil que traducen que los ríos son serpentinas caprichosas que los dioses dieron con su aliento a una caída de agua suspendida en el aire. Así son los ríos que saben serpentear el fin de las montañas y victoriosos llegan al delta que entrega su alma a los mares en la batalla amorosa entre agua salina y dulce. Así son los ríos que en su curso navegan con las letras que de tanta vocación acuática los rápidos enfurecidos no pueden ahogar en el olvido. Los ríos pareciera andan en solitario, pero entre llano, cordillera y visión urbana, lo mismo en París, Tuxpan, Buenos Aires, Londres, Roma, Quebec, entre otras ciudades, tienen testigos eternos que dragan con tesón la oportunidad de navegarlos, hacerlos nuestros y en gratitud por su existencia, festejar que su continuidad está en nuestras memorias. En el mosaico que labramos en los diversos momentos de la vida y así como los ríos nunca tienen el mismo curso, nosotros renacemos cuando amamos a nuestra otredad, reflejo que nunca se encontrará a la deriva lejana de un río que nos bautiza, acerca y es nuestro itinerante testigo. 

Río Tuxpan

En la puerta náutica de la Huasteca, “A la orilla de este río” como el libro de uno de los veracruzanos más universales, el poeta Manuel Maples Arce, “el papanteco más tuxpeño” como lo cataloga otro brillante tuxpeño. El poeta ex secretario de Gobierno de Veracruz, ex diputado, uno de los fundadores del estridentismo, embajador de México en Japón (que le entregó la embajada en Tokio, una vez reconstruida, el diplomático Octavio Paz), Colombia, Indonesia, entre otros lugares, da testimonio en sus versos de este río maravilloso:

Volveré a tus riberas, claro río,

A retemblar mi espíritu en tu brío,

Antes de andar la última jornada.

El libro del veracruzano editado en Madrid en 1959 es una prueba qué si no existían relaciones diplomáticas entre el gobierno mexicano con el fascismo español, las letras de libertad eran un puente de entendimiento entre los dos lados del Atlántico. Al final, al mayor país hispanoparlante del orbe la brisa tuxpeña baña las letras de Maples Arce como el Guadalquivir supo llevar las buenas nuevas del nuevo mundo a Sevilla.  

De vuelta en el río en el que zarpó el Granma, el mismo cauce por el que navega el buque gasero que saluda a su paso y donde la promesa de un puerto a la altura y de altura del siglo XXI, sigue esperando respuesta en el arrullo de hombres que, como Jesús Reyes Heroles o Enrique Rodríguez Cano, demostraron la solvencia moral y profesional de la auténtica política, no del palaciego conspirador de la nómina del poder por el poder.

Vuelvo a Tuxpan, con sus guisos que despiertan el alma junto a las notas del son huasteco. El fluyente del río en el delta con el Golfo, es la brisa que sin chapopote baña estos renglones que son de enorme gratitud.

Juan-Pablo Calderón Patiño

Tuxpan, Veracruz, agosto 2025

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