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Tuxpan y Tecomar, el reencuentro

Crónica inmersiva

Javier Roldán Dávila

El devenir del río es fluir…muy a pesar y al pesar de algunos

Viernes 4 de septiembre, no hay plazo que no se cumpla y la emblemática Sala Anexa, de la Dirección de Cultura del municipio porteño, abre sus puertas a Carlos Viveros Figueroa, autor del libro Tecomar, a Juan Pablo Calderón Patiño, a Luz Alicia Iturbe de Garay y a Juan Pablo Alcantar, para que comenten ante nutrida audiencia local, los pormenores de cómo surgió la empresa que marca un antes y un después, en el desarrollo portuario de Tuxpan.

Carlos, hombre que frisa los noventa años de edad, tuvo la atingencia de plasmar en un libro, una historia que podemos considerar de éxito, desde luego, no exenta de sinsabores tal como él lo narra con una fluida prosa. Cabe destacar, que su obra ya había sido presentada en la Ciudad de México y en Veracruz, faltaba hacerlo en el sitio donde se pergeñó, pedimos licencia para decirlo así: la odisea.

Es menester subrayar, que el texto reconoce la intervención de muchas voluntades, entre ellas la de los inversionistas de origen alemán que, unidos a las ‘fuerzas vivas’ tuxpeñas, se empeñaron ‘en la extraña resolución de ser razonables’ (Borges dixit).

De todos es sabido, que intereses económicos creados en Tampico y Veracruz, en la década de los setenta del siglo pasado los puertos que lideraban el comercio de internacional de México hacia Europa y la costa este de los Estados Unidos, habían obstaculizado la posibilidad de que Tuxpan (el punto marítimo más cercano al Valle de México), tuviera una ventana de oportunidad para convertirse, precisamente, en puerto de altura.

Esta situación, es el quid de la cuestión: el tesón, la voluntad, de un grupo de personajes, que buscaron con denuedo una audiencia, con el entonces presidente de la República, Luis Echeverría, para explicarle un proyecto, al cual muchos calificaban de inviable, que pretendía facilitar el trasiego de la armadora de autos, Volkswagen, para hacer llegar los insumos fabricados en Alemania, a su factoría en la ciudad de Puebla.

Como toda obra humana, la historia no es lineal, hubo claroscuros y tenaz resistencia a que esto ocurriera, sin embargo, la voluntad presidencial se impuso y por medio del secretario de la Presidencia, Hugo Cervantes del Río, la idea pasaría de ser un sueño tropical a una realidad que impulsó el desarrollo de la región.

Viveros (que, en buena medida, llevó la batuta), expuso los principales sucesos que culminaron con el arranque de la naviera en 1973, no omitió señalar que fue un esfuerzo colectivo, además, destacó el naufragio del buque Tuxpan, para recordar las 27 vidas que se perdieron y reconocer que todos esos marinos, aportaron su trabajo para consolidar la empresa.

Por su parte, Calderón (responsable de las Relaciones Interinstitucionales y Enlace Legislativo de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores), planteó una realidad decepcionante: a pesar de sus diez mil kilómetros de litorales, México carece de políticas públicas que impulsen el crecimiento de la Marina Mercante nacional, con las consecuencias negativas que esto conlleva.

En lo que toca a la doctora Iturbe (experta en materia portuaria y marítima, en Derecho del Mar, consultora internacional en la materia, ex Directora General de la Administración Portuaria Integral de Ensenada, entre muchas otras cosas), coincidió en la necesidad de implementar políticas públicas que abonen al desarrollo portuario del país y destacó el papel que Tecomar jugó en el manejo de la carga contenerizada, lo cual convirtió a Tuxpan en un puerto pionero en tal especialidad. No omitió de mencionar, que uno de los problemas que enfrenta el municipio para seguir avanzando en el ámbito portuario, es la falta de vías férreas para la recepción y distribución de mercancías, poniéndolo en clara desventaja ante Tampico-Altamira y Veracruz,

Asimismo, Juan Pablo Alcantar, director de Desarrollo Económico de la administración municipal, abundó en las dificultades que enfrenta el puerto para abrir nuevas rutas de navegación, insistiendo en que las presiones de intereses fácticos, impiden no tan sólo la apertura de nuevos nichos de oportunidad, sino, incluso, provocan la cancelación de rutas ya existentes, lo cual confirma, que el puerto se queda ‘en medio’ de la pinza que forman Tampico-Altamira y Veracruz.

Es preciso señalar, la disposición de las autoridades municipales, encabezadas por el alcalde Daniel Cortina Martínez que, por medio del eficiente personal de la dirección de Cultura, a cargo del licenciado Gustavo Garamendi Álvarez, dieron cauce a un evento que demostró que en Tuxpan se han construido historias de éxito en las que participan la clase trabajadora, empresarios con visión y autoridades comprometidas con el desarrollo de la comunidad, lo cual se hizo patente con el reconocimiento entregado a Carlos Viveros Figueroa, mismo que, en realidad, fue un galardón otorgado al colectivo que participó en esta hazaña local. Justamente, en el libro vienen consignados la gran mayoría de dichos participantes.

En este orden de ideas, celebramos, también, la intervención del doctor Ernesto Pérez Astorga, secretario de Desarrollo Económico y Portuario del estado de Veracruz, y su equipo, que coadyuvaron con decisión para la realización del suceso.

La historia se puede abordar desde varias perspectivas, sin embargo, debemos tener claro el mérito de escribirla, en este sentido, concluimos esta breve reseña, citando al amigo Calderón Patiño:

“El libro posee una naturaleza itinerante y nómada. Así como las letras permanecen impresas en sus páginas, también conserva la huella de las pupilas de lectores desconocidos”.

Tuxpan de Rodríguez Cano, Veracruz.

Septiembre de 2026

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