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Una lectura de Heidegger desde lo cotidiano: una aproximación a Ser y tiempo

Por Luis Guerrero. Tercera parte.

En la entrega anterior examinamos cómo la tradición filosófica, desde Platón hasta Descartes, abordó el problema de lo real mediante distintas concepciones del ser y, de manera decisiva en la filosofía moderna, mediante la distinción entre sujeto y objeto. Este recorrido nos condujo a la crítica de Martin Heidegger (MH) al olvido de la pregunta por el ser: al intentar explicar lo que las cosas son, la metafísica no siempre aclara qué significa que sean. Para retomar esta pregunta, Heidegger establece una distinción fundamental en Ser y tiempo: la «diferencia ontológica», es decir, la diferencia entre el ser y el ente.

Para acercarnos, conviene distinguir lo «óntico» de lo «ontológico». Lo óntico se refiere a los entes concretos y a sus características, propiedades y modos de presentarse. Por ejemplo, una investigación científica del sistema óseo mide los huesos, describe su constitución y examina sus funciones; estamos en el terreno óntico. Lo ontológico, en cambio, pregunta por el ser de esos entes y por las estructuras que permiten comprender su modo de ser. Si el investigador comprende el esqueleto como parte de un organismo vivo, cuyas partes se relacionan y adquieren sentido en función del conjunto, se aproxima a una perspectiva ontológica de carácter biológico y organicista. No se trata únicamente de describir los huesos, sino de aclarar desde qué concepción del organismo se comprende su existencia.

En el Dasein, la distinción adquiere un sentido particular. La pregunta por cómo existir es de incumbencia óntica, pues cada uno responde mediante su propio existir. Ante la pregunta «¿cómo quiero vivir?», en el ámbito «existentivo», alguien puede decidir dedicarse al hogar, buscar reconocimiento social o asumir los valores de su cultura. Son posibilidades concretas de existencia. Lo ontológico, por su parte, busca comprender las estructuras que hacen posibles esas maneras de vivir: cómo nos comprendemos, cómo nos proyectamos hacia distintas posibilidades y cómo nos relacionamos con los otros y con el mundo en que vivimos; es el ámbito de la «existencialidad». Mientras lo óntico se ocupa del ente y de las maneras concretas en que existe, lo ontológico concierne al ser y a las estructuras constitutivas del Dasein que hacen posible su existencia.

Para analizar la existencia sin reducirla a un catálogo de propiedades, Heidegger retoma la fenomenología de su maestro, Edmund Husserl, cuya propuesta busca volver a «las cosas mismas», atendiendo a cómo se muestran en la experiencia. Husserl recurre a la «epoché», que consiste en poner entre paréntesis la aceptación espontánea del mundo propia de la actitud natural, para examinar cómo se manifiestan los fenómenos y adquieren sentido en su relación con los actos intencionales de la conciencia. No se trata de negar nuestros conocimientos, sino de suspender provisionalmente la manera habitual de dar por sentadas las cosas.

Heidegger transforma esta orientación: para comprender al ser humano no basta con partir de una conciencia que observa objetos exteriores; es necesario reconocer que nuestra existencia ya está inmersa en un mundo significativo. Este mundo no es una simple colección de objetos, sino una trama de relaciones, prácticas y posibilidades. Así, la campana del monaguillo durante la misa tiene un sentido distinto del de una campana en una escuela. No cambia necesariamente el objeto, sino el contexto de relaciones en el que lo comprendemos.

Podemos llamar horizonte de comprensión a ese ámbito desde el cual algo se vuelve inteligible. El Dasein ocupa un lugar privilegiado en el análisis ontológico porque no solo existe entre otros entes, sino que comprende de alguna manera su propio ser y el de aquello con lo que se relaciona. Esta comprensión no requiere una reflexión filosófica explícita: está presente en nuestra manera cotidiana de habitar el mundo y proyectarnos hacia distintas posibilidades.

En este sentido, MH afirma que la «esencia» del Dasein reside en su existencia. Esto no significa que el ser humano pueda elegir libremente todas las condiciones de su vida, sino que no queda definido de una vez y para siempre por un conjunto de propiedades. Su modo de ser implica posibilidades situadas en circunstancias que no ha elegido por completo. Por eso Heidegger sostiene que «el ser de este ente es cada vez mío»: la existencia me concierne y no puedo vivirla como si fuera la de otro.

Esta distinción también permite comprender que no todos los entes tienen el mismo modo de ser. Heidegger utiliza el término Vorhandenheit para referirse a lo presente-ahí, considerado como algo que posee propiedades y puede convertirse en objeto de observación; lo distingue de Zuhandenheit, que designa aquello que encontramos a la mano en nuestras ocupaciones cotidianas. Una cuchara puede ser un utensilio con el que comemos o un objeto cuyas dimensiones, peso y composición analizamos. En el primer caso destaca su condición de «útil»; en el segundo, la consideramos desde una actitud teórica. Nuestra relación con las cosas, por tanto, no comienza necesariamente observándolas como objetos aislados.

Los elementos que conforman las estructuras fundamentales de la existencia del Dasein son los llamados «existenciarios». Mediante su «analítica existencial», MH busca esclarecer esas estructuras y destaca entre ellas una fundamental: el «ser-en-el-mundo». No somos primero sujetos separados que después establecen una relación con el mundo; nuestra existencia acontece desde el principio en una trama de significados, ocupaciones, relaciones y posibilidades compartidas. El mundo no es un añadido a nuestra existencia, sino una dimensión constitutiva de nuestro modo de ser. Queda abierta, sin embargo, una cuestión decisiva: ¿cómo se estructura esa existencia que cada uno de nosotros tiene que asumir y cómo se manifiesta en nuestra convivencia con los demás?

Hasta la próxima.

Imagen: Félix Gonzáles-Torres, «Sin título» (Amantes perfectos), 1987-1990. Museo de Arte Wadsworth Atheneum, Hartford, CT. Donación de la Fundación Familia Norton. https://www.huffpost.com/entry/art-about-time_n_6392666

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