Por Luis Guerrero. Segunda parte.
En la primera parte, afirmamos al referirnos a los problemas de los que se lamenta la sociedad -la comunidad o el barrio- la posibilidad de asumirlos, al discutir, buscar información -se produce aprendizaje en colectivo- se argumenta y es muy probable se faciliten los acuerdos, para de esta forma canalizar o atender las problemáticas y disminuir el impacto negativo de dichas dificultades, vividas de manera cotidiana. Advertimos del proceso de diálogo o dialógico, las diversas barreras, la discriminación y la exclusión de personas, como es el caso del academicismo arrogante, que desdeña otros saberes populares, comunitarios, prácticos o experienciales. En suma, se demanda el respeto irrestricto a la dignidad del total de las y los actores, para lograr pasar del punto de vista individual -subjetivo- a un consenso alcanzado de forma intersubjetiva -en el que el disidente es parte del procedimiento-; para lo cual es menester discutir sólo un asunto a la vez, elegir a un moderador para asignar la palabra; de esta manera, se está en mayor posibilidad de llegar a acuerdos discursivamente mediados.
La justificación de los convenios, no solo implica la atención entre los participantes, incluye un principio material: el desarrollo y producción de la vida comunitaria es imprescindible, es decir, el crecimiento de las personas, su bienestar. Por ejemplo “los pactos cupulares”, operaron en sentido contrario, la alianza entre sectores económico-políticos del periodo neoliberal, deterioraron el valor del salario, afectaron materialmente la supervivencia de la mayoría de las familias. De lo anterior podemos apuntar: a) los acuerdos deben conferir cualidades a la realidad social o realizar valores sociales que satisfagan necesidades fundamentales de los implicados, en caso contrario, los acuerdos son injustos; b) actualmente observamos un diálogo no solamente entre las élites, se revalorizan las bases sociales, nos percatamos del modelo de comunicación de las mañaneras, el Parlamento Abierto, la Suprema Corte de Justicia de la Nación reunida en Audiencia Pública con los afectados por una ley, proyectos como la clínica y la escuela es nuestra, tienen todos como propósito avanzar en la inclusión de la sociedad en la toma de decisiones, de lo que se deduce otro principio de la asociación ciudadana, el democrático.
Sin democracia, la agrupación es una simulación, la clase dirigente pierde fortaleza y sobre todo el consenso, lo que la convierte de facto en clase dominante, el diálogo deja de ser horizontal y libre de dominio, para establecer un potencial de sanción generalizado, particularmente a quien cuestiona o desafía a las jerarquías políticas; práctica de muchas décadas de organizaciones sindicales otrora poderosas, con dirigentes charros, en los que el sindicato y el patrón constreñían como una pinza la libertad del trabajador, una mordaza la constituía el “líder sindical”, la otra el patrón, y como perno articulador de las dos, una autoridad laboral tripartita, a favor “de la paz laboral”, generalmente al servicio del poder económico. Afortunadamente las luchas de las y los trabajadores han logrado avances, no todos los deseables, pues el líder charro es un aliado del capital o empresario. De aquí podemos desprender otro principio de la asociación, no todo lo deseable, es viable, una estrategia política que se aleja del horizonte de lo posible, terminará desalentando la unión, o se convertirá en una política de modus vivendi; la acción práctica del grupo, antes de ejercerse, valora condiciones sociales, económicas, históricas, entre otras; la política debe decidir a través de la discusión y el acuerdo, propósitos factibles de realizar.
Los objetivos o propósitos legitimados a través del discurso y del consenso democrático, por medio de la participación equilibrada de los integrantes de toda coalición, necesitan una revisión cuidadosa de los medios disponibles para alcanzar los fines; planear sus movimientos o tácticas siempre orientadas al núcleo del problema, para a través de la actividad consciente, intentar lograr el triunfo; pero no se trata del mero éxito político, lo que se espera es una acción enmarcada por los principios de la propia organización. Para ejemplificar, si la lucha es por renovar la dirigencia de un gremio -cualquiera- que se ha “perpetuado” en el poder, los medios no pueden ser la arbitrariedad, la compra del voto o la coerción, sólo la lucha planteada en una estrategia -con sus respectivas tácticas- ceñida a los principios éticos ya señalados, puede entenderse como una lucha política, de acuerdo al concepto abordado en este texto; el diálogo igualitario, el principio de vida, el democrático y de factibilidad, no son un a priori de la actividad política, son constitutivos de la misma. En ese orden de ideas, afirmar “el fin justifica los medios”, no es ético, no es política.
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De acuerdo, el trabajo participativo engrandece a la comunidad no solo en el logro de los objetivos para resolver problemas (que es favorable) sino en el tejido de lazos solidarios y fraternos de reciprocidad, valores originario de nuestras tierras ♥️ que el capitalismo ha deteriorado por la colonialidad aún existente !
Interesante reflexión, enhorabuena
A partir del 2018 México, su gente, expresó su rechazo al sistema neoliberal a través del voto, a pesar de toda la desinformación de la cúpula empresarial, el poder mediático y políticos del antiguo régimen (PRI, PAN, PRD, MC). Y no fue fácil para el Obradorismo luchar contra todos ellos, incluso con el Poder Judicial en contra. Sin embargo, gracias a la habilidad política, buenos principios, combate a la corrupción y austeridad republicana se logró mayor justicia para el pueblo y se realizaron magnas obras durante su sexenio. Con el actual gobierno se sigue por el mismo camino y poco a poco se están viendo buenos resultados en materia económica, social, política e incluso en seguridad. El pueblo sigue informado gracias a las mañaneras y a las redes sociales. Excelente artículo Ing. LUIS GUERRERO DAVILA.