sábado, 1 agosto 2026
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La guerra mediática, las noticias falsas y la promoción del desencanto

Por Luis Guerrero. Cuarta y última parte

La intervención ilegal estadounidense para desestabilizar y derrocar gobiernos soberanos no es un fenómeno nuevo; los casos históricos se cuentan por decenas. En México, este intervencionismo se padeció directamente desde la propia embajada del país del norte para deponer a Francisco I. Madero. Esta estrategia no solo busca sustituir mandatarios, sino también legitimar conflictos bélicos mediante argumentos inconsistentes, contradictorios o abiertamente fabricados, dejando a su paso una estela de destrucción.

Un ejemplo en la memoria global fue la supuesta “salvación del mundo” frente a las inexistentes armas de destrucción masiva de Saddam Hussein. De forma similar operan las narrativas de hostilidad contra el programa nuclear de Irán, donde los discursos oficiales de Washington modifican constantemente sus justificaciones según la coyuntura geopolítica, recurriendo a la estigmatización permanente a Estados percibidos como hostiles, bajo la etiqueta de “patrocinadores del terrorismo”.

Esta dinámica de señalamiento mediático y fabricación de enemigos adopta diversas modalidades en la región. En su momento, se catalogó a Nicolás Maduro en Venezuela como líder del “cártel de los soles” —narrativa hoy prácticamente diluida—, mientras se prepara un terreno similar para la República de Cuba. Recientemente, el gobierno estadounidense, a través del secretario de Estado Marco Rubio, clasificó a organizaciones criminales brasileñas como organizaciones terroristas extranjeras, acción que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva interpretó como una vulneración abierta de la soberanía de su país.

Conceptos como “amenaza a la seguridad nacional” o “terrorismo” operan de manera sistemática para justificar presiones políticas, sanciones económicas y, en casos extremos, intervenciones militares. En este contexto, las filtraciones infundadas atribuidas a agencias de inteligencia estadounidenses continúan alimentando la narrativa de un supuesto “narcogobierno” en México. La oposición local ha instrumentalizado este relato para insistir en la deslegitimación del gobierno actual, calificándolo de “dictadura”, “totalitarismo” o “narcogobierno”.

La oposición partidista, parece alinearse con los incentivos de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos 2025, la cual establece explícitamente que se recompensará a los actores políticos de la región que se supediten a sus intereses. Ignorando los costos de estas “políticas expansivas”, la derecha mediática y partidista replica alertas como las de Marco Rubio, quien sugirió que el uso de drones por parte de los cárteles mexicanos pone en riesgo los intereses de su país. Tal advertencia omite cuestionar el origen y la comercialización de dicho armamento en territorio estadounidense. Los elementos descritos configuran las fases de lo que, hipotéticamente, se denomina un “golpe blando”.

Siguiendo al ideólogo Gene Sharp, el desgaste de un gobierno incómodo para Washington se ejecuta en cinco etapas, no necesariamente lineales. La primera busca generar un clima de malestar general mediante campañas de desinformación, noticias falsas y discursos de odio explícitos. La segunda instrumentaliza la defensa de libertades o derechos humanos, como ocurre con las campañas mediáticas en torno a la “militarización”, la defensa al INE o la etiqueta de “narcoestado”. La tercera fase activa la protesta callejera; un ejemplo fue la movilización de la denominada “Generación Z” interpretada por diversos analistas como una operación de falsa bandera atribuida al PRIAN y a sectores de la iniciativa privada. Las últimas etapas contemplan la guerra psicológica, la desestabilización institucional y, finalmente, la búsqueda de la renuncia del gobernante.

Pese a esta ofensiva, la presencia territorial de los servidores de la nación, los espacios informativos de las conferencias matutinas y las asambleas organizadas por Morena han contenido el embate desestabilizador mediante la llamada revolución de las conciencias. La enérgica defensa de la soberanía por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, sumada a la memoria histórica del pueblo de México, ha frenado los intentos de desestabilizar al Gobierno atemperado el ánimo entreguista.

Sin embargo, ante una derecha que se reagrupa a escala global, el compromiso debe ser permanente. La ciudadanía no puede bajar la guardia; la organización del pueblo y la alfabetización crítica frente a las pantallas constituyen herramientas útiles para desactivar los intentos de impulsar el miedo, además de la persistente estrategia de producir artificialmente el desencanto. Asimismo, son un llamado legítimo al debate en torno a la regulación de algoritmos, redes sociales, plataformas digitales, de la misma manera, es pertinente asumir el llamado del papa León XIV, quien pidió justificadamente, “desarmar la inteligencia artificial”. Hasta la próxima.

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