sábado, 1 agosto 2026
Trending
Opinión

Los hiperadaptados se imaginan invulnerables

Por Luis Guerrero

A partir de la obra de Lola López Mondéjar, este análisis desentraña cómo el capitalismo actual moldea sujetos “invertebrados”: individuos que, bajo una falsa armadura de invulnerabilidad y éxito económico, ocultan un vacío de identidad, una profunda falta de empatía y una alarmante incapacidad para el pensamiento crítico.

Lola López Mondéjar, psicóloga, psicoanalista y escritora española, nos invita a reflexionar sobre la dimensión interna de la persona —su subjetividad— desde una perspectiva situada en el modo de producción capitalista contemporáneo. Este sistema determina o sobredetermina, en cierto grado, una identidad dominante mediante complejos mecanismos de apropiación cultural que operan como procesos de socialización. Se trata de un “¿quién soy yo?” que responde, en gran medida, a motivaciones incorporadas desde el entorno.

Esta construcción de la identidad se configura, por lo general, en el contexto familiar. Por ello, en una primera etapa se manifiesta como una identidad mimetizada. Más adelante, esta condición tiende a cuestionarse para, a través de la autoconciencia, construir una narrativa más original y dinámica, capaz de interpelar las jerarquías y las relaciones de poder mediadas por la biografía, las creencias y los valores.

Hablamos de discursos performativos; es decir, expresiones normativas que no solo explican la realidad, sino que también la crean en el interior del sujeto para alimentar la percepción de sí mismo o del grupo al que pertenece. En el contexto analizado, la producción de una individualidad “autovendible” contrasta fuertemente con la sensibilidad comunitaria. El resultado es una identidad adormecida frente a la injusticia y la violencia, lo que genera una creciente insensibilidad hacia el dolor del Otro. Particularmente, en un proyecto de Estado al servicio del mercado —que desprotege a los jóvenes y a los sectores más vulnerables—, esta dinámica se expresa en una profunda incertidumbre derivada de la falta de empleo y de la precariedad laboral. Ante estas circunstancias, el individuo contemporáneo parece experimentar una regresión a la etapa infantil de la invulnerabilidad y la omnipotencia, negando, mediante este mecanismo, su fragilidad frente a un entorno hostil. Esta supuesta “fortaleza” puede comprenderse, entonces, como una universalización de la masculinidad hegemónica.

Un rasgo relevante que describe a estos sujetos es su desprendimiento del eje moral. Los individuos dejan de lado aquellas exigencias o normas sociales cuyos efectos perciben como debilitantes, como ocurre con la culpa. Al despojarse de este componente ético, la sensación de fortaleza individual permanece intacta. Según la autora, esta desconexión define a los sujetos como “invertebrados”: indiferentes ante el dolor —incluso el propio—, irreflexivos y carentes de compromisos sociales o lealtades personales. Esto no significa que dejen de sufrir, sino que encuentran vías de escape en la hiperactividad. Actuar se convierte en la estrategia para evadir la percepción de fragilidad: emprender, desplazarse o acumular logros y currículos de manera compulsiva. En este esquema, la inmovilidad se traduce en angustia. La soledad en el hogar se experimenta como un vacío de identidad difícil de soportar; una recreación de la inhabitable habitación de Pascal a la que alude López Mondéjar.

Se trata, en suma, de una forma de elusión. Bajo esta misma lógica, la autora plantea que condiciones como la obesidad mórbida pueden operar como un mecanismo de defensa o una salida frente al sufrimiento psíquico. Este malestar se enfrenta mediante explicaciones diseñadas para proteger al “yo” —lo que el psicoanálisis denomina racionalización— o mediante justificaciones teóricas que funcionan como coartadas para transformar una debilidad en fortaleza. Dichas narrativas pueden sustentarse en el cuestionamiento del ideal estético o en la reivindicación del poder individual para decidir sobre el propio cuerpo y, de ese modo, aceptar las “infinitas variaciones de los cuerpos”.

Asimismo, el texto aborda el vínculo amoroso, que debería caracterizarse por el compromiso y la voluntad, en contraste con la fantasía de la invulnerabilidad presente en las relaciones erótico-afectivas. La última parte del libro examina una subjetividad nacida de la creatividad y la reflexión, opuesta a la individualidad homogénea y a la invulnerabilidad “hueca”. Esta última es explicada como una deformación o patología cultural de la sociedad contemporánea, caracterizada por la falta de empatía, la ausencia de originalidad y el vacío de autoconciencia.

En ese orden de ideas, una persona hiperadaptada posee un pensamiento crítico y procesos reflexivos sumamente limitados; por ello, frente a las problemáticas sociales, ofrece respuestas reduccionistas y simplistas. Aunque estos individuos proyectan una imagen de seguridad, libertad e independencia, en realidad son dirigidos desde el exterior por un sistema agresivo cuyas exigencias asumen e integran sin cuestionarlas. De ahí que se les reconozca como hiperadaptados. En esta estructura de personalidad está ausente un “yo observador” capaz de pensar la propia experiencia de vida y de procesar o narrar el devenir emocional y los afectos. Por el contrario, el hiperadaptado dispone de respuestas prefabricadas para todo: su guion mental y su motor interno operan en perfecta congruencia con el sistema, reduciendo con frecuencia su existencia a la acumulación económica como vía para evitar el vacío y como máxima expresión de su hiperactividad.

En definitiva, la hiperadaptación no constituye un signo de fortaleza, sino el reflejo de una sociedad enferma que premia la insensibilidad y la obediencia ciega al mercado. Recuperar el pensamiento crítico, la empatía hacia el dolor del Otro y la capacidad de narrar nuestras propias emociones constituye hoy un acto de resistencia indispensable. Solo rompiendo el guion prefabricado del sistema será posible transitar de la invulnerabilidad hueca hacia una subjetividad auténtica, humana y verdaderamente libre.

Publicaciones relacionadas
Opinión

Del símbolo a la política. Una interpretación crítica de las Escrituras

Por: Luis Guerrero. Primera parte. A hombros de gigantes para ver más lejos, la filosofía…
Leer más
Opinión

Quién ganará en el Mundial de Fútbol 2026

Genoveva Roldán Dávila[1] Disculpen los lectores, a quienes logré captar su atención con el…
Leer más
Opinión

Ecuador, además de un partido

Para Rodrigo Borja, in memoriam y para César Verduga, dos eminentes ecuatorianos que me enseñaron…
Leer más

2 Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *