WASHINGTON, D.C.- El Pentágono ha dado luz verde al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) para probar el Sistema de Denegación Activa (ADS), conocido popularmente como ‘rayo de calor’, en la frontera entre Estados Unidos y México. Este dispositivo, clasificado como un arma “no letal” de energía dirigida, emite un haz invisible de ondas electromagnéticas que puede alcanzar casi un kilómetro de distancia. Al entrar en contacto con la piel, provoca una sensación intensa de ardor, similar a abrir la puerta de un horno caliente, lo que genera un impulso instintivo de huir.
La autorización fue formalizada mediante un memorando firmado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, el mes pasado. El préstamo del sistema será temporal, por siete meses a partir de septiembre de 2026, aunque el DHS podrá solicitar una extensión si lo considera necesario. El Pentágono ha dejado claro que no operará el arma directamente; toda la responsabilidad de su uso, así como el desarrollo de tácticas y procedimientos, recaerá en el DHS.
El ADS opera a una frecuencia de 95 gigahercios (GHz) y está diseñado para calentar las moléculas de agua en la superficie de la piel hasta 55 grados Celsius. El efecto fisiológico es inmediato: provoca un dolor agudo y una sensación de ardor que, aunque no causa daños permanentes según los reportes oficiales, puede resultar extremadamente incómoda. El malestar suele desaparecer entre 10 y 15 minutos después de la exposición, pero la reacción natural es alejarse rápidamente del área afectada.
Este sistema fue desarrollado originalmente para el control de multitudes y la seguridad perimetral en instalaciones militares. Aunque ya había sido considerado para su uso en la frontera en años anteriores, nunca se había autorizado su despliegue en este contexto hasta ahora.
Hasta el momento, no se han especificado los lugares exactos ni los métodos en los que se realizarán las pruebas del ADS en la frontera. El memorando solo establece que el DHS será el encargado de definir las tácticas y procedimientos para su empleo. Esto significa que, por ahora, no hay información pública sobre si el sistema se utilizará en puntos de cruce específicos, en zonas de alta migración o en operativos puntuales.
La decisión de excluir al personal militar de la operación directa del arma busca desvincular al Pentágono de cualquier implicación en acciones civiles, una medida que responde a preocupaciones legales y políticas sobre el uso de tecnología militar en contextos migratorios.
La autorización para probar el ‘rayo de calor’ en la frontera ha generado un intenso debate en Estados Unidos y México. Diversos sectores advierten sobre los riesgos para la población migrante, la eficacia real del sistema y las implicaciones legales de emplear tecnología militar en operaciones civiles. Organizaciones de derechos humanos han señalado que, aunque el ADS está clasificado como “no letal”, su uso podría considerarse una forma de trato cruel o inhumano, especialmente si se aplica a personas vulnerables como migrantes, familias o menores de edad.
Funcionarios militares han defendido el sistema argumentando que su objetivo es disuadir cruces no autorizados y dispersar multitudes sin recurrir a la fuerza letal. Sin embargo, la falta de transparencia sobre los protocolos de uso y la ausencia de información sobre posibles efectos secundarios a largo plazo mantienen la controversia abierta.
¿Qué antecedentes existen sobre el ‘rayo de calor’?
El Sistema de Denegación Activa fue desarrollado hace más de una década y ha sido probado en escenarios militares y de control de disturbios. En 2018 y 2020, autoridades estadounidenses consideraron su uso en la frontera, pero finalmente fue descartado por preocupaciones éticas y de imagen internacional. Su despliegue actual representa un precedente sin igual en la política migratoria de Estados Unidos, al incorporar tecnología militar avanzada en la gestión de flujos migratorios.
El ADS ha sido presentado como una alternativa “menos dañina” frente a otras formas de control, pero su impacto psicológico y físico en situaciones reales sigue siendo motivo de análisis y debate.
¿Qué implicaciones tiene para México y la región?
La autorización del ‘rayo de calor’ en la frontera podría modificar la dinámica de los cruces migratorios y la respuesta de las autoridades mexicanas. Si bien el sistema está diseñado para evitar daños permanentes, la percepción de que se emplea tecnología militar contra migrantes podría tensar aún más la relación bilateral y alimentar críticas de organismos internacionales.
Además, la medida podría sentar un precedente para el uso de otras tecnologías de control en la frontera, abriendo la puerta a una mayor militarización de la política migratoria y a nuevas discusiones sobre derechos humanos y soberanía.
¿Qué sigue tras la autorización del Pentágono?
El periodo de prueba del ADS se extenderá hasta al menos abril de 2027, salvo que el DHS solicite una prórroga. Durante este tiempo, se espera que las autoridades estadounidenses evalúen la eficacia, seguridad y viabilidad del sistema en el contexto fronterizo. La decisión final sobre su adopción permanente dependerá de los resultados obtenidos y de la presión política y social que pueda surgir en ambos lados de la frontera.
Para la población mexicana y los migrantes que buscan cruzar hacia Estados Unidos, la noticia representa un nuevo desafío y una señal de endurecimiento en las políticas de control fronterizo. Las autoridades mexicanas y organizaciones civiles estarán atentas al desarrollo de las pruebas y a cualquier incidente que pueda derivarse del uso de esta tecnología.
¿Por qué importa este tema?
La autorización del ‘rayo de calor’ en la frontera entre Estados Unidos y México marca un punto de inflexión en la gestión migratoria y en el uso de tecnología militar en contextos civiles. Más allá de la polémica, el despliegue del ADS podría redefinir los límites entre seguridad nacional y derechos humanos, con consecuencias directas para miles de personas que cada año intentan cruzar la frontera. El seguimiento a las pruebas y a las decisiones del DHS será clave para entender el rumbo que tomará la política migratoria en la región.
AM.MX/lm


