Es sabido que, el siete de diciembre, se celebra en Tuxpan, Veracruz, “El Día del Niño Perdido”, la tradición consiste en prender velitas a lo largo de parques, banquetas, barandales, quicios, etc. y construir ‘carritos’ para que niños y niñas, los arrastren por las calles de la ciudad.
En Colombia, se realiza, en misma fecha, el Día de las Velitas, cuyo objetivo, al igual que en Tuxpan, es iluminar el camino.
El origen de la festividad, tiene, al menos, tres vertientes. Veamos.
La primera, tiene que ver con el Día de la Inmaculada Concepción (ocho de diciembre), dogma instaurado por el Papa Pío IX en 1854, el cual establece ‘que María, por la gracia de Dios y en previsión de los méritos de Jesucristo, fue preservada de todo pecado desde el primer momento de su concepción’. En los hechos, esto es el inicio de las fiestas católicas decembrinas. Así pues, en términos prácticos, aunque tiene que ver con el nacimiento de Jesucristo, la conmemoración es un día posterior.
La segunda interpretación, se refiere a cuando Jesús, a la edad de 12 años, se perdió de sus padres, situación que nos narra el Evangelio de Lucas 2:41-45: “Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua; y cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta. Al regresar ellos, acabada la fiesta, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que lo supiesen José y su madre. Y pensando que estaba entre la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y los conocidos; 45 pero como no le hallaron, volvieron a Jerusalén buscándole.”
Sin embargo, Lucas nos habla de un niño de 12 años, cuando para los judíos (no olvidemos que el Nazareno es judío) el Bar Mitzvá (la mayoría de edad), acontece a los 13 años, además, ocurrió en la Pascua, por lo tanto, a pesar de todo, es complicado hablar de un ‘niño’ perdido en la Pascua, que se busca en diciembre.
La tercera propuesta, más asequible, a juicio de quien esto escribe, se refiere a la huida de María y José a Egipto, ya que, Herodes Tetrarca, había ordenado la ejecución de todos los primogénitos hebreos, los cual, nos describe el Evangelio de Mateo 2:13-15: “Después de que los sabios regresaron a su país, un ángel de Dios se le apareció a José en un sueño y le dijo: «Levántate. Escapa a Egipto con el niño y con su madre, y quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. Como apunte, esto es el origen de los ‘peregrinos pidiendo posada’.
Se podría alegar que se trata de un bebé que no había sido dado ‘a luz’, no obstante, la profecía de Oseas 11-1, es clara al respecto: “Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo”.
Como ustedes lo quieran ver funciona, lo rescatable es que la tradición persiste en Tuxpan y en Colombia, además, en cualquier sentido, son buenas noticias, porque, nos define como pueblos con memoria.
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