sábado, 1 agosto 2026
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Relatos tuxpeños

Tuxpan, la historia en un pailebot

Relatos tuxpeños

Por Javier Roldán. Primera parte[1]

Si Dios me salva la vida, no vuelvo a ser marinero, dice el navegante en medio de la borrasca, según nos cuenta la petenera. Sin embargo, para llegar a Tuxpan, no hubo borrasca invencible, la tierra de la gran promesa, estaba al otro lado del mar, sólo había que navegar en estado de ensoñación, iza marinero iza/ iza para barlovento, dice el Balajú

Nacido en el lugar (caserío menor que una villa, pero mayor que una aldea) de Tamallancos, municipio de Villamarín (actualmente con menos de 2000 habitantes), provincia de Orense en la comunidad de Galicia, Modesto Pulido Pérez emigró a México, primero llegó a Mérida, vía Puerto Progreso, ciudad en la que comenzó a trabajar duro para construir fortuna, luego viajó a Tuxpan, todo esto a principios del Siglo XX[2],  buscando otras oportunidades de negocio.

La decisión no fue casual, las políticas publicas impulsadas por el porfiriato estimulaban, justamente, la llegada de migrantes españoles y europeos en general (sin faltar libaneses y judíos, claro), quienes eran atraídos por la ‘estabilidad política’ y la facilidad para hacer negocios, sobre todo, en el giro del comercio y las comunicaciones, a esto se agregaba, para el caso de los ibéricos, que se hablaba el mismo idioma y se profesaba la religión católica, era como salir de casa para llegar a casa.

Así pues, con apenas una veintena de años, Modesto encontró en Tuxpan la posibilidad de hacer crecer los ahorros que había acumulado y pronto, gracias a sus habilidades, se percató que tenía ante sus ojos el mecanismo idóneo.

En términos prácticos, el río, el Río Tuxpan, es el principal valor que la naturaleza otorgó al municipio y Modesto entendió, que la riada era el cause adecuado para impulsar las comunicaciones, o sea, el trasiego de mercancías a través del cuerpo de agua, tráfico de cabotaje.

Para concretar su idea, el gallego se instruyó y supo que los pailebotes (del inglés ‘pilot’s boat’, bote del piloto), tenían las características necesarias para transportar maíz, pieles de res, sal, harina, tabaco, plátanos, chiles, pasajeros y un largo etcétera, en la ruta Tuxpan-Tumbadero-Reforma.

Definido el plan, el señor Pulido comenzó a construir su flota de goletas, entre las que destacaron, Teresita, María del Carmen y Ocho Hermanos. No sobra decir que, para ese entonces, nuestro personaje ya había contraído matrimonio con doña Sergia Barrios, nativa de Castillo de Teayo, con quien procreó ocho hijos, por ello el nombre del pailebote.

La pequeña empresa se consolidó merced al empeño de don Modesto, a lo que se suma una etapa de expansión económica en la región, propiciada por la presencia de trasnacionales petroleras que se enriquecieron expoliando los cuantiosos yacimientos de la Faja de Oro, pero, como dice la nana Goya, eso es otra historia.

No sobra decir, que aparte del emprendimiento con los pailebotes, el señor Pulido exportaba pieles de vacunos, maíz y otros productos de la región que eran apreciados en el extranjero.

Pero, volviendo al tema, la coronación de la compañía naviera tuxpeña, vendría de la mano con el transporte de plátano roatán para exportar a Texas, lo que fue denominado como el ‘oro verde’. En este sentido, los pailebotes salían con toneladas de la fruta desde la zona de Álamo, que era comprada por la trasnacional ‘United Fruit Company’, para llevarla al puerto de Tampico.

Como suele ocurrir, el monocultivo del banano agotó su ciclo de crecimiento para dar paso a otro tipo de plantaciones, como el tabaco (actualmente, la cuenca del río Pantepec-Tuxpan, es una región citrícola), ello, también sería una de las variables que marcaron el destino de los pailebotes, además de que la infraestructura carretera, daba paso al transporte en camiones de carga. La muerte de don Modesto, marcaría el inicio del fin de su empresa, pero ello, lo abordaremos en una segunda entrega.


[1] Este relato, surge de una amena plática (entre tuxpeños), sostenida con Mario Sergio Pulido Gómez, precisamente, nieto de don Modesto Pulido Pérez.

[2] Se calcula que entre 1800 y 1914, emigraron de Europa alrededor de 50 millones de personas, motivadas, principalmente, por los cambios estructurales provocados por la Revolución Industrial en el desarrollo del capitalismo.

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