Por Luis Guerrero. Segunda y última parte
En la pasada entrega abordamos la importancia de los perros y gatos como mascotas. Señalamos los beneficios en la disminución de los niveles de cortisol —la hormona del estrés— y el soporte emocional incondicional que brindan, particularmente a personas en situación de soledad o aislamiento. Muchos comentan con entusiasmo los reencuentros al llegar a casa: siempre hay alguien que “da la bienvenida”. En el caso de los perros, la actividad física que demandan favorece la salud cardiovascular y con entrenamiento, pueden ser apoyo terapéutico. Los gatos, por su parte, son ideales para espacios pequeños; su naturaleza tranquila y el efecto relajante de acariciarlos o escucharlos fortalecen el bienestar. Además, convivir con mascotas enseña a las infancias responsabilidad, empatía y autoconfianza.
Las mascotas son seres sintientes, no objetos, tienen capacidad de experimentar afecto, pero también sufrimiento físico y emocional; esto eleva nuestra responsabilidad, no solo ética sino legal. La domesticación ha generado dependencia en perros y gatos, esa sumisión es, sin duda, una responsabilidad humana. Su cuidado implica espacios seguros y limpios, libres de incomodidad térmica de frío o calor- libres de miedo y angustia, de dolor y de enfermedad; lo anterior demanda atención veterinaria oportuna, alimentación nutritiva, agua suficiente y respeto a sus expresiones naturales: olfatear, correr o trepar, socializar con su misma especie; se trata, en suma, de un trato digno.
Lo contrario —el abandono— es un acto de crueldad y un indicador de violencia social. Genera desorientación, depresión y agonía en los animales, pero también problemas comunitarios: jaurías asilvestradas, accidentes de tránsito, dispersión de basura y la consecuente obstrucción de alcantarillas; contaminación de espacios públicos con heces y orina, riesgos sanitarios y posibles agresiones de gatos ferales. El abandono no es solo inmoral; es un problema de salud pública y ambiental, que afecta la vida de la ciudad.
A ello se suma la sobrepoblación. De acuerdo con información presentada en “Diálogos desde el municipio”, la reproducción felina es geométrica: en el primer año pueden multiplicarse por 12; en el segundo, son 66; en el tercero, 382; en el cuarto, 2,201; en el quinto, 12,680; en el sexto, 73,041; y en el séptimo, más de 420 mil. Las cifras son alarmantes y obligan a actuar. Las alternativas basadas en el sacrificio masivo, el envenenamiento o la reubicación forzada no son solución. La vía responsable es la esterilización sistemática.
Se proponen dos ejes: uno preventivo-educativo, centrado en el cuidado responsable; y otro operativo, con un programa masivo, anual no excluyente, de esterilización, vacunación y desparasitación. Debe considerar perros y gatos, machos y hembras, incluso en celo o gestación, mediante servicio itinerante en zonas suburbanas y rurales. La propuesta es reducir 20% de la población —15,400 animales, estimando una mascota por cada dos habitantes — implicaría atender alrededor de 60 operaciones al día durante 260 días hábiles.
La responsabilidad del éxito del programa, recae en las autoridades municipales, que deben garantizar gratuidad y eficacia; pero también requiere la responsabilidad y la participación activa de la ciudadanía, el apoyo a la brigada de vigilancia municipal, la denuncia del maltrato, para la aplicación del reglamento, así como la denuncia penal, pues la crueldad animal, está tipificada como delito. La atención a la sobrepoblación de mascotas es ante todo una decisión de salud pública, imagen urbana y sana convivencia comunitaria; la transformación se mide también, en como cuidamos la vida y prevenimos la violencia. Gobernar también es prevenir.



Muy acertadas las acciones que desde los municipios se deben implementar además de, desde la responsabilidad de los dueños (hoy mencionados por algunas legislaciones como “tutores”), deberíamos avanzar hacia la obligatoriedad de Licencias que comprometan a la capacitación mínima en el cuidado de una mascota y la inherente responsabilidad.
De acuerdo Alfonso Noé, una mascota no es un objeto, es un ser sintiente, demanda responsabilidad, no solo de los dueños de esas mascotas, también de la autoridad. saludos.