domingo, 2 agosto 2026
Trending
Opinión

El dios de la religión de Trump

Por Luis Guerrero. Segunda parte.

La obra filosófica de Karl Marx contiene numerosas metáforas teológicas e incluso una teología metafórica implícita. Comprender plenamente su pensamiento exige no solo herramientas de filosofía económica, sino también ciertos elementos de interpretación religiosa y teológica. Esta lectura cobra especial relevancia en autores como Enrique Dussel, cuya formación teológica le permitió advertir que el supuesto ateísmo de Marx terminó convirtiéndose en un dogma tanto del marxismo-leninismo como de sus adversarios antimarxistas.

No es casual que diversos representantes de la teología de la liberación hayan encontrado en Marx instrumentos críticos para analizar la realidad contemporánea. A los defensores del capitalismo les resultó conveniente reducir su pensamiento a un simple “ateísmo”, descalificando así la crítica profunda que realiza al sistema económico moderno: un modo de producción éticamente irracional por la miseria que produce, por la explotación del trabajo humano y por la devastación de la naturaleza convertida en simple objeto de usufructo.

Buena parte de esa acumulación se desplaza hoy hacia el capital financiero, traducido en deudas impagables para los países periféricos. Marx explica este fenómeno mediante imágenes teológicas particularmente poderosas. En los manuscritos de 1861-1863 describe al capital que rinde interés compuesto como un “Moloch reclamando el mundo entero como víctima ofrecida en sacrificio en sus altares”. En los Grundrisse afirma igualmente que “el dinero, de su forma de siervo en la que se presenta como medio simple de circulación, se vuelve de improviso el dios de la mercancía”.

La inversión simbólica es notable. Mientras en la carta de Pablo de Tarso a los filipenses se afirma que Cristo, “siendo en forma de Dios”, tomó forma de siervo, en Marx el dinero realiza el movimiento contrario: de siervo a dios. Precisamente contra esos falsos dioses —el dinero, el capital y el mercado— se dirige el ateísmo marxiano; no necesariamente contra toda experiencia religiosa, sino contra las religiones que legitiman la dominación y la humillación humana.

En ese sentido, la crítica marxiana rebasa ampliamente la economía. Se convierte en una crítica de la idolatría moderna: la absolutización del mercado y del capital como poderes supremos ante los cuales la vida humana termina subordinada.

Hasta hoy, difícilmente puede encontrarse una crítica tan profunda del capitalismo como la elaborada por Marx y posteriormente desarrollada por pensadores marxistas contemporáneos. En la “Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel”, Marx sostiene que la tarea de la filosofía consiste en “desenmascarar la aniquilación de la persona humana en su aspecto profano”. Más adelante afirma que la crítica de la religión culmina en la doctrina según la cual “el ser humano es lo supremo para el ser humano”, y por ello en el imperativo de transformar todas las relaciones donde el hombre aparezca humillado, abandonado o despreciado.

En nuestra interpretación, Marx no coloca en el centro el ateísmo como fin en sí mismo, sino la vida concreta de las personas. La crítica a la religión se convierte así en crítica a toda estructura que sacraliza la opresión. En ese punto aparecen ciertos encuentros éticos con el cristianismo primitivo, aunque sin pretender equiparar ambos pensamientos.

Los evangelios muestran a un Jesús que confrontó a los falsos representantes religiosos del templo, cuestionó el uso político de la religión y asumió la causa de los pobres, los humillados y los excluidos. Desafió la hipocresía de ciertos escribas y fariseos, a quienes llamó “sepulcros blanqueados”: pureza exterior y corrupción interior. Rompió barreras étnicas y religiosas, elogió al buen samaritano y defendió al extranjero, al hambriento, al sediento, al desnudo y al despojado de dignidad.

También debe recordarse que Marx es hijo de su tiempo. Su crítica religiosa se dirige particularmente a ciertas expresiones del protestantismo inglés y a las reinterpretaciones teológicas que acompañaron el ascenso del capitalismo moderno. Asimismo, cuestiona la teodicea de Hegel, por considerar que termina sacralizando la totalidad europea.

Existen incluso indicios de simpatía hacia ciertas corrientes pietistas, donde la vida religiosa no se reduce a la mera doctrina ni a la predestinación, sino que exige una práctica activa, una praxis pietatis. El fundador del pietismo, Philipp Jakob Spener, escribió: “La realidad de la religión consiste no en palabras, sino en hechos”, frase que recuerda inevitablemente la segunda tesis sobre Feuerbach: “Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad”.

Si el capitalismo moderno construye sus propios dioses y absolutiza el mercado como criterio supremo de verdad y de poder, entonces la pregunta ya no es solamente económica. También es teológica y política: ¿qué tipo de divinidad produce una civilización organizada alrededor del dinero y del capital? Esa pregunta resulta fundamental para comprender algunas de las figuras políticas contemporáneas que hoy encarnan, quizá de manera extrema, la lógica del capitalismo global.

Publicaciones relacionadas
Opinión

Del símbolo a la política. Una interpretación crítica de las Escrituras

Por: Luis Guerrero. Primera parte. A hombros de gigantes para ver más lejos, la filosofía…
Leer más
Opinión

Quién ganará en el Mundial de Fútbol 2026

Genoveva Roldán Dávila[1] Disculpen los lectores, a quienes logré captar su atención con el…
Leer más
Opinión

Los hiperadaptados se imaginan invulnerables

Por Luis Guerrero A partir de la obra de Lola López Mondéjar, este análisis desentraña cómo…
Leer más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *