Genoveva Roldán Dávila[1]
Hemos identificado un torbellino de reacciones cuando apenas hace cinco meses el Comité Noruego del Nobel anunció que el Premio Nobel de la Paz 2025, sería concedido a María Corina Machado, ciudadana venezolana. Todas ellas identificadas con discusiones que han sido centrales para lo que ha ocurrido y está sucediendo en lo social, político, económico, militar y ambientalmente, tanto en América Latina, en Medio Oriente y en diversos puntos estratégicos a nivel planetario.
Desde el duro cuestionamiento del presidente estadounidense D. Trump, en cuanto a porqué no se lo habían otorgado a él, si había puesto fin a ocho guerras lo cual, de acuerdo con sus dichos, no tenían por objetivo el Premio Nobel, sino el salvar vidas. Cuestionó al primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, a quien atribuyó la decisión de negarle el Premio y a continuación reiteró su “amenaza” de anexionarse Groenlandia (territorio autónomo constituyente del Reino de Dinamarca desde 1953), la isla más grande del mundo y con una superficie mayor que la de México.
A partir de esta afrenta, señaló que sólo vería por lo que es “bueno y apropiado para Estados Unidos” (EU). Intentando convencer a sus seguidores que el desaire recibido “justificaba” sus futuras acciones. Pese a que para muchos de nosotros nos resulta evidente que los intereses y prepotencia imperialista necesitan de explicaciones “mínimas” y de grandes mentiras para invadir, secuestrar y cometer genocidio.
Por otro lado, sin tener ninguna coincidencia con el desplante trumpista, hubo otro amplio conjunto de cuestionamientos a ese Premio Nobel, por la clara identificación de la señora Machado con posturas belicistas, porque su supuesta lucha por la “democracia” en Venezuela siempre ha estado impregnada por la búsqueda de apoyos injerencistas.
Lo anterior se confirmó abiertamente por su respaldo a Trump por la Operación Caribe, ampliada al Pacífico que desencadenó, al menos, 141 víctimas civiles mortales y que fue denunciada por varios expertos como claras violaciones al derecho internacional, por ejecuciones extrajudiciales, sin pruebas públicas de sus vínculos con el crimen organizado. Colectivos noruegos, académicos e inclusive el Consejo Noruego de la Paz, señalaron que la premiada no coincidía con los valores esenciales del premio.
Otra serie de reacciones fueron de quienes aplaudieron dicha premiación por ser contrarios al régimen venezolano, líderes internacionales y particularmente quienes la postularon, en agosto de 2024 (previo a que Trump fuera presidente), que fueron nada más, ni nada menos, que un grupo de legisladores republicanos de Estados Unidos.
Las controversias sobre este “premio”, llegaron a otro punto culminante, cuando la “galardonada”, además de dedicarle inmediatamente su premio al presidente de EU, decidió hacerle entrega de la medalla recibida, en enero de 2026, quien le agradeció su “maravilloso gesto”. Acción que fue cuestionada por el mismo Centro Nobel de la Paz, quien señaló que el premio “no puede ser transferido, compartido ni revocado”; “la medalla sí puede cambiar de propietario, pero el reconocimiento como Premio Nobel permanece únicamente en quien lo recibe oficialmente”[2]. La urgencia de demostrar su poder y el de su país, llevó a Trump a aceptar un “Premio de la Paz de la FIFA”, recién inventado.
Todo este contexto, pinta de cuerpo entero a ambos personajes y el fondo de sus objetivos políticos que exhiben el injerencismo del Comité que lo otorga y lo falso de su “neutralidad”. Este Nobel es el único que se entrega en Oslo, Noruega, partiendo del supuesto de la tradición de este país como conciliador y reacio a lo militar. De tal manera que resulta patético que dicho reconocimiento fuera entregado a quien se encuentra al servicio de un presidente y país que ha retomado con enjundia acciones militares o intervenciones en: Irán, Siria, Yemen, Irak, Nigeria, Somalia, Venezuela y Cuba.
En el caso de Venezuela, el pasado tres de enero, ya no dejó lugar a dudas sobre su gran dominio técnico, de estrategia y táctica de su poderío militar, así como de sus servicios de inteligencia, el cual fue preparado durante largos meses instalándose en primera instancia en las costas de Venezuela y que le permitió el logro de uno de sus objetivos principales: el mando y control de la industria petrolera venezolana, país que posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y que supera los 300 mil millones de barriles, casi el 20% de las reservas mundiales de crudo.

No sólo está presente el interés por los recursos naturales venezolanos y latinoamericanos en general, sino que también se encuentra vigente el gran interés de la “hegemonía en declive”, de reafirmar su poder precisamente en su “patio trasero”. Se trata de una reacción que pretende contener la presencia de China ya fuera como consumidor del petróleo venezolano, de minerales críticos: cobre, hierro y litio; de recursos estratégicos como: oro, plata, bauxita y tierras raras de otros países de la región y/o como inversor en diversos sectores económicos, particularmente en la infraestructura.
Quien presumía de pacifista, pasó a alardear que EU había lanzado un ataque a Venezuela como “no hemos visto desde la Segunda Guerra Mundial”[3], fuera del marco del Congreso. Seis países (España, Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay), emitieron un comunicado conjunto rechazando las acciones unilaterales de EU y expusieron su profunda preocupación por las violaciones a principios internacionales y a la soberanía venezolana, tras la captura de Nicolás Maduro y su esposa.
Otros países como Rusia, Irán y Cuba también manifestaron su rechazo. China, que compraba casi todo el petróleo de Caracas denunció la grave violación del derecho internacional y las implicaciones en la estabilidad de la región latinoamericana. A estas voces, se sumaron las del Secretario General y de expertos de Naciones Unidas destacando que el “uso no provocado de la fuerza armada sobre el territorio soberano de Venezuela constituye una clara violación del Artículo 2 (4) de la Carta de la ONU, que prohíbe inequívocamente la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado”[4].
Fuera de poner en evidencia la terrible fractura del multilateralismo, de exhibir el desorden mundial que priva en el mundo y poner en evidencia un reordenamiento geopolítico, en el que los países latinoamericanos se ven duramente amenazados en su soberanía, el “animal herido” no ha conocido consecuencias.
Por el contrario, se ha envalentonado en la región, lo cual podemos corroborarlo con la asfixia al pueblo cubano, al cual, desde junio de 2025 le aplicó un Memorándum Presidencial de Seguridad Nacional para restringir viajes, imponer sanciones a estados que apoyen al gobierno cubano, limitando su acceso a dólares y ha pasado a etiquetar al estado cubano, como patrocinador del terrorismo.
Específicamente después del ataque a Venezuela, Trump intensificó sus amenazas con aranceles a todos aquellos países que provean de petróleo a la isla, poniendo en una grave crisis económica y humanitaria al pueblo y gobierno cubano.
Como dijo Alejandro Dumas y que Luis Casado[5] recordaba el día de hoy, en cuanto a que espero que en los próximos años no termine echando de menos: Aquel tiempo feliz en que éramos tan desgraciados.
[1] Tuxpeña de nacimiento y por corazón
[2] https://www.elcomercio.com/actualidad/mundo/centro-nobel-paz-reaccion-entrega-medalla-machado-a-donald-trump/
[3] Texto completo de la conferencia en MAR-A-LAGO. https://legrandcontinent.eu/fr/2026/01/03/trump-annonce-la-prise-du-controle-du-venezuela-texte-integral/
[4] https://www.ohchr.org/es/press-releases/2026/01/un-experts-condemn-us-aggression-against-venezuela
[5] Luis CASADO from Diario Electrónico POLITIKA


