Por: Luis Guerrero. Primera parte.
A hombros de gigantes para ver más lejos, la filosofía contemporánea encuentra a veces sus herramientas críticas en los lugares más inesperados. El presente artículo propone un análisis interpretativo de las Escrituras desde la filosofía; una aproximación que no se confunde con una interpretación teológica o una teología filosófica destinada a una comunidad de creyentes. Se trata, en cambio, de una lectura basada en la obra del filósofo Enrique Dussel que busca extraer los conceptos y categorías críticas implícitos en las Escrituras. Estas herramientas teóricas tienen la función de cuestionar cualquier sistema económico-político que se pretenda presentar como “natural” o universal y que produzca víctimas de manera inaceptable, como ocurre con los pobres y marginados. Es un cuestionamiento —y por ello es estrictamente crítico— desde la perspectiva de los oprimidos, destinado a la comunidad política en su conjunto.
Este abordaje, en una dirección estrictamente filosófica, es solo una de las tantas posibilidades de interpretación que ofrecen las Escrituras. Si bien se valoran y respetan plenamente las lecturas teológicas orientadas a una comunidad religiosa cuya aproximación se hace a partir de la fe, no puede descartarse el movimiento político-religioso original que produjo, en su momento, una transformación del orden histórico frente a la dominación del Imperio romano. El propósito de estas líneas es invitar a una hermenéutica que considere a las Escrituras como una narrativa racional con base en símbolos. Esto implica asumir que las palabras no poseen un significado único, exacto o estático; el símbolo siempre dice más allá de la lectura literal, el símbolo “da que pensar”. Por ello puede reinterpretarse en distintas épocas, conservando un significado que dialoga y resuena con cada intérprete.
En ese sentido, los símbolos se organizan en un relato y dan lugar a un texto con “vida propia”, capaz de suscitar muchas más lecturas que la intención original de quien lo escribió. Estas interpretaciones no se limitan a la tradición judeocristiana, sino que representan también una oportunidad para aproximarnos a las religiones de los pueblos originarios. El fin no es añorar o pretender regresar al pasado, sino recuperar el núcleo ético contenido en dichos discursos para que sea de utilidad en las luchas del presente. No se pasa por alto que estos temas han sido tachados o excluidos por la Ilustración moderna ante el avance de la racionalidad científica. Bajo esta óptica secularizante, los textos abordados por la teología fueron eclipsados o transformados en mera antropología, atribuyendo a la persona humana la creación de los dioses.
Paralelamente, el proceso racional-científico se posicionó como el causante del “desencantamiento del mundo”, sumando narrativas que reducen la religión a una ilusión nacida del deseo infantil de protección psíquica. Incluso desde el marxismo ortodoxo —particularmente el de la línea soviética de la URSS—, la religión se pensó únicamente como una ideología de “falsa conciencia”, una superestructura que reflejaba las condiciones materiales de producción. Aquí vale la pena detenernos y señalar que, de acuerdo con nuestra interpretación, Karl Marx dirige su crítica solo a aquellas religiones que funcionan como un instrumento de dominación, dejando abierta la puerta a un análisis que integre la potencia subversiva del símbolo material.
Desplegar este paradigma alternativo nos exigirá revisar, en la siguiente entrega, cómo la misma racionalidad económica de Marx y las disputas por el orden imperial se nutren de esta raíz simbólica fundamental.
Imagen: https://www.enroma.com/ Capilla Sixtina, Miguel Ángel ‘La creación de Adán’, detalle



Gran placer leer sobre éste tema.
El agredicimiento es nuestro.
Desde la antiguedad A.C y D. C. las escrituras y la iglesia ortodoxa a influido poderosamente en la politica de los paises. En Mexico a partir de las keyes de Reforna de B. Juarez se le quito un poco de poder a la iglesia. En la actualidad todavia hay muchos paises, sobre todo el medio oriente, donde el fanatismo de la gente y sus gobiernos estan muy apegados a la religion. La creencia en un ser supremo, Diios, no es mala porque nos da esperanza para mejorar, perp no hay que caer en los extremos porque hay lideres que se aprovechan de eso precisamente
Gracias por leerlo María Olivia. Saludos