martes, 15 septiembre 2026
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El A B C de los sueños; una interpretación

Por Luis Guerrero: primera parte.

El descanso, dormir y soñar son parte de nuestras necesidades vitales, no solo para recuperar fuerzas y participar en la producción y regulación de hormonas; desde la fisiología, el sueño también colabora en procesos como la consolidación de la memoria y el aprendizaje, la regulación emocional y diversos procesos de restauración y mantenimiento del organismo. Incluso se ha estudiado la participación del sueño en procesos metabólicos cerebrales relacionados con la eliminación de determinados productos de desecho. Desde esta perspectiva, dormir no es simplemente dejar de estar despiertos: es un proceso activo y necesario para el funcionamiento del organismo.

Su importancia psíquica —comprendida aquí en un sentido amplio como mental, cerebral, espiritual o anímica— también resulta significativa. Durante el sueño se procesan emociones, experiencias y aprendizajes; puede disminuir el impacto subjetivo del estrés y, en determinadas circunstancias, favorecer nuevas asociaciones o formas de abordar problemas. Es decir, dormir y soñar pueden contribuir a que la mente encuentre maneras diferentes de relacionarse con aquello que ha vivido. Y, desde la perspectiva de Freud, el sueño cumple además una función fundamental: “es el guardián del dormir”.

Precisamente por ello nos interesa el análisis de los sueños vinculados con la historia personal y los deseos. En el ámbito del psicoanálisis, su interpretación puede formar parte del trabajo terapéutico orientado a comprender conflictos y padecimientos psíquicos. Esta tradición quedó asociada desde sus orígenes a la llamada “cura por la palabra”.

Los significados de los sueños han sido objeto de múltiples reflexiones notables. Recordemos el pasaje bíblico de Génesis 41:29-30, en el que José, hijo de Jacob, interpreta los sueños del faraón, aproximadamente entre 1900-1800 a. C. O el sueño de Nabucodonosor II, emperador de Babilonia (605-562 a. C.), quien soñó con una estatua gigantesca cuya cabeza era de oro, el pecho y los brazos de plata, el vientre de bronce, las piernas de hierro y los pies de hierro mezclado con barro. Asimismo, se encuentra el relato del sueño de Alejandro Magno, relacionado con el asedio de la ciudad de Tiro (332 a. C.)

Estos relatos constituyen testimonios históricos de la importancia atribuida al sueño y pueden ser observados desde perspectivas simbólicas, religiosas, históricas y psicológicas. Desde esta última perspectiva reflexionaremos en este texto, apoyados en nuestra interpretación de los trabajos y del pensamiento de Freud.

Sigmund Freud fue un médico neurólogo nacido en Freiberg, Moravia (actual República Checa), en 1856 y fallecido en Londres, Inglaterra, en 1939. Una de sus obras fundamentales es precisamente “La interpretación de los sueños” (1900). En este libro desarrolla la llamada primera tópica, un modelo del aparato psíquico constituido por tres sistemas: consciente, preconsciente e inconsciente.

Para facilitar su comprensión podemos utilizar, solo como recurso didáctico, la conocida metáfora del iceberg. No se trata de una representación propuesta por Freud, sino de una manera contemporánea de visualizar que aquello que llega a nuestra conciencia constituye solamente una parte de la actividad psíquica.

Así, podemos imaginar el consciente como la punta del iceberg: aquello que percibimos, pensamos y sentimos en un momento determinado; por ejemplo, el acceso inmediato al texto que usted lee justo ahora.

El preconsciente puede representarse como la zona que se encuentra bajo la superficie, pero todavía relativamente próxima a ella. Contiene representaciones que no están presentes en la conciencia en este momento, pero que pueden ser recuperadas mediante un acto de recuerdo: por ejemplo, qué es un iceberg.

Más abajo situamos, siempre dentro de esta metáfora explicativa, el inconsciente: la enorme zona oculta. Para el psicoanálisis, allí se encuentran contenidos y procesos que no son accesibles directamente a la conciencia y que pueden manifestarse de manera indirecta a través de sueños, síntomas, actos fallidos, entre otras formaciones de lo inconsciente.

La primera tópica, por tanto, nos permite preguntarnos cómo se organiza y circula lo psíquico y por qué determinadas representaciones llegan a la conciencia mientras otras permanecen fuera de ella. Abordaremos una segunda tópica, relevante para la interpretación de los sueños; será parte del contenido de nuestra próxima entrega. Hasta pronto.

Imagen: Autorretrato “El Sueño” de Frida Kahlo

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