Por Luis Guerrero. Primera parte
Nuestra experiencia académica se centra principalmente en el nivel medio, por lo que hablaremos de nuestra experiencia en el bachillerato, no pasamos por alto que la reflexión en torno a la educación convoca a pensar en el proyecto económico, político y social de un país, un gobierno autoritario, reproduce y refuerza sus prácticas en toda la estructura institucional del Estado, a través de una burocracia autoritaria; funciona como un medio de control político, un reproductor de la ideología -entendida como una perspectiva de la realidad, impuesta por la clase dominante- y además como un sistema de reglas/normas explícitas e implícitas o dispositivo disciplinario, para el control de conductas.
Desde esa perspectiva la escuela autoritaria (EA), es un aparato que funciona en sintonía con esa visión, es decir homogeniza prácticas y discurso, construye una cultura de sumisión, emplea prácticas como rituales que naturalizan la vigilancia, la clasificación y el control; modela las consciencias, fomenta subjetividades temerosas. Su intención principal, no es la optimización de los recursos; es en todo caso, opuesta a la participación social viabilizada actualmente por la Nueva Escuela Mexicana (NEM), cuyo fin es la formación de un sujeto autónomo e independiente, creativo, con una tendencia crítica; pensada como una herramienta para transformar su entorno, cuya condición de posibilidad es el despliegue de habilidades praxeológicas que le conducen a la realización de cambios sociales consensados.
El objetivo principal de la EA, es enseñar a obedecer, a someterse a las personas en las que se encarna la autoridad, su instrumento principal, es el castigo, un fin en sí mismo; el daño moral, encaminado a desgastar la voluntad a doblegarla, una forma de escarmiento tan poderosa como perjudicial, vista negativamente incluso desde la Reforma Integral de la Educación Media Superior del 2008 y particularmente desde la NEM, que inicia su despliegue en el 2019. Para estos modelos, la EA, afecta los procesos de generación del juicio moral, mantiene al estudiante en una etapa preconvencional, en la que el proyecto educativo, los derechos humanos, los principios de participación democrática, la justicia, se mediatizan, para dar prioridad a la incondicionalidad o a la lealtad acrítica a la “autoridad”.
Los efectos contra educativos son tan variados como perniciosos: afectan la motivación, generan un control externo, dicho con otras palabras, opera en contra de la autorregulación, el estudiantado reduce su disposición al trabajo colaborativo, desincentiva la participación, la interacción, la discusión, el diálogo; provoca distanciamiento entre docente-alumno, genera desconfianza, disminuye el compromiso y la responsabilidad compartida en el aula, entre otras tantas consecuencias del control aversivo, que no solo se aplica en lo individual al dicente, en ocasiones, la práctica del castigo se extiende a todo el grupo, incluso se puede generalizar a todos los grupos, creando situaciones de agravio injustificado, pues “pagan justos por pecadores”.
Afortunadamente la EA, fue superada por la escuela tradicional que desradicalizó el castigo, atenuando la moral de la obediencia y la sumisión, dando pauta a cierta negociación pedagógica, manteniendo la disciplina más como orden, con un conjunto de supuestos formadores del carácter y promotores del esfuerzo, desde una perspectiva con rasgos paternalistas; mantiene la memorización, la repetición, el aprendizaje como expresión de conductas observables, se refuerza con premios y castigos, incluso con la expulsión; el docente es la autoridad vertical, pero respetuosa, de un alumno receptor con capacidad de progresar. La enseñanza enciclopédica, sin articulación disciplinar, parcelada. La escuela cerrada hacia el exterior, entre otras características.
La NEM como proyecto, por el contrario no percibe al estudiante aislado, se trata de un sujeto que se constituye, en relación con su comunidad, su cultura y su contexto histórico; la institución educativa es un espacio de convivencia en el que se aprende de forma colectiva, es decir, en una perspectiva ética de la corresponsabilidad comunitaria, en el que las finalidades educativas son también principios normativos: la pretensión de justicia, la democracia; la escuela es una institución con responsabilidad social; el trabajo docente es producto del trabajo colegiado, es multidisciplinar, las asignaturas se abordan a partir de actividades y proyectos que parten de problemas reales, la evaluación es integral, formativa principalmente, su elemento central es la retroalimentación. la discusión. Sin embargo, su implementación es un proceso de más de un sexenio, tal vez tres, si bien nos va; se mantienen resistencias y conductas conservadoras, que aún privilegian el castigo.



Excelente gracias enfoque, el tuyo;Luis, gracias!!
Solo el amor convierte en milagro el barro, solo el amor engendra la maravilla y si no… no lo intentes, será en vano