sábado, 1 agosto 2026
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La guerra mediática, las noticias falsas y la promoción del desencanto

Por Luis Guerrero. Tercera parte

En las entregas anteriores hemos destacado las pandemias desinformativas —la infodemia— entendidas como una saturación planificada de noticias falsas. Esta estrategia aprovecha el alcance de los medios masivos tradicionales que durante décadas mantuvieron relaciones de cercanía política y económica con los gobiernos del PRI y del PAN. Tras la pérdida de sus privilegios y del poder político, la oposición mantiene una labor permanente de desgaste prolongado contra la institución presidencial y su partido. El recurso medular, la construcción sistemática de narrativas deslegitimadoras, evidenciada en la imposición de las etiquetas transexenales de “narcopresidente” y “narcopresidenta”. Ante esto, resulta indispensable ubicar críticamente el lugar de enunciación desde donde se siembra la duda social.

Un caso paradigmático ocurrió el 31 de enero de 2024, cuando ProPublica publicó un reportaje de Tim Golden que afirmaba que la DEA había investigado presuntos aportes del narcotráfico a la campaña de Andrés Manuel López Obrador en 2006; una indagatoria que cerró sin que se presentaran pruebas concluyentes. Pese a la ausencia de evidencias, el hecho detonó un comportamiento digital atípico, mediante campañas masivas de gran alcance provinientes de cuentas automatizadas y granjas de bots. Estas estructuras amplificaron artificialmente los hashtags #NarcoPresidenteAMLO y #NarcoCandidataClaudia para forzar en la opinión pública la narrativa de un “narcoestado”.

Este tipo de propaganda fue cínicamente validada con anticipación por opinadores de oposición. Carlos Alazraki justificó abiertamente el uso de la mentira en su programa Atypical TeVe. Asimismo, en el espacio Es la hora de opinar de Televisa, el excanciller Jorge Castañeda propuso concentrar la estrategia en una “guerra sucia, pero sucia en serio”; una línea dócilmente adoptada por la candidata presidencial opositora en los debates de abril de 2024. A esto se sumaron intentos explícitos por normalizar la posverdad en el imaginario colectivo, bajo la tesis periodística de Raymundo Riva Palacio de que, en la disputa por el relato, “la verdad es irrelevante”.

Estas dinámicas nos recuerdan a Joseph Goebbels sobre la repetición incesante de falacias para convertirlas en verdades sociales. El objetivo es desacreditar la narrativa oficial reduciendo políticas públicas complejas a simplificaciones extremas y despectivas, como la frase “el gobierno mantiene chamacos flojos”. Así, la derecha busca mantener incólumes valores como el mérito individualista y la competencia corporativa, atacando los derechos constitucionales del estudiantado y las políticas de atención a las causas de la delincuencia que han logrado atenuar la deserción escolar.

Aquí es donde opera formalmente la guerra cognitiva: el uso del big data y algoritmos para analizar las emociones, likes y patrones psicológicos de los usuarios. Mediante esta microsegmentación digital, los “laboratorios de ideas” buscan influir en lo que la población siente y piensa. A través de la polarización inducida, a cada sector se le inyecta un temor específico (inseguridad, migración o encono hacia la Cuarta Transformación) para poder proyectar un “país en llamas”. Con ello se observa la pretensión de justificar el retorno de supuestos salvadores técnicos o un intento de legitimar intervenciones de agencias extranjeras, coordinadas con el complejo bélico-industrial estadounidense que, paradójicamente, se muestra incapaz de frenar el flujo de armas hacia México. Lo que da el poder de fuego, al crimen organizado.

Estas estrategias de manipulación producen indignación o miedo y buscan romper el tejido social y producir un desencanto generalizado. Desarticular esta ofensiva exige una formación mediática ciudadana que permita dudar, verificar y neutralizar el secuestro emocional de las fake news. Oponerse conscientemente a esta vulneración democrática es el único camino para cerrar el paso al “golpe blando”, la estrategia de desestabilización institucional que abordaremos en nuestra próxima entrega.

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