Por Luis Guerrero
El pasado 2 de junio, durante la “mañanera del pueblo”, la presidenta de México, Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, propuso abrir una discusión nacional en torno a la regulación de la inteligencia artificial (IA) y las redes sociales. Su pronunciamiento enfatizó los efectos negativos que estas tecnologías pueden generar en la salud mental de la población, destacando padecimientos crecientes como la ansiedad. Este debate resulta indispensable en el contexto mexicano actual, una nación donde amplios sectores de la juventud pasan entre cinco y siete horas diarias frente a las pantallas. Diversos estudios han señalado que esta exposición prolongada puede favorecer dinámicas de aislamiento social y sustituir parcialmente interacciones presenciales por vínculos digitales que, resultan menos satisfactorios para las necesidades humanas de convivencia cara a cara.
Desde una perspectiva neurocientífica, otra circunstancia relevante radica en el diseño de las plataformas digitales, estructuradas para captar y mantener la atención de los usuarios mediante sistemas de recompensas asociados con la liberación de dopamina, neurotransmisor relacionado con la motivación, el placer y el refuerzo de conductas. Estas respuestas biológicas se intensifican a través de estímulos recurrentes como la acumulación de “likes”, las novedades constantes del algoritmo o el consumo de videos cortos diseñados para proporcionar gratificaciones inmediatas. Como consecuencia, puede desarrollarse una búsqueda compulsiva de estos estímulos, afectando responsabilidades educativas, procesos de concentración y la capacidad de sostener la atención durante periodos prolongados. En términos prácticos, ello dificulta la realización de actividades que demandan esfuerzo cognitivo continuo, al tiempo que reduce la tolerancia a la frustración e incrementa la impaciencia frente a tareas tradicionales como la lectura analítica.
Asimismo, la exposición constante a versiones idealizadas de la realidad difundidas por creadores de contenido e influencers puede distorsionar la percepción que niñas, niños y adolescentes construyen sobre sí mismos, favoreciendo sentimientos de insuficiencia, baja autoestima y una creciente necesidad de validación externa. Frente a este panorama, resulta prioritario que el núcleo familiar y el entorno escolar actúen como espacios de contención afectiva, inclusión y acompañamiento. Esta tarea adquiere especial relevancia si se considera que las estructuras cerebrales vinculadas con el autocontrol, la toma de decisiones y la regulación emocional —particularmente la corteza prefrontal— continúan su proceso de maduración durante estas etapas del desarrollo.
En los ámbitos de la salud y la seguridad, la necesidad de fortalecer los mecanismos de protección digital se vuelve evidente al analizar el impacto de las redes sociales en comunidades específicas. De acuerdo con el Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA 2024) del INEGI, Veracruz se ubica entre las entidades con mayores niveles de violencia digital contra las mujeres. Los resultados de la encuesta reportan una prevalencia del 26.4%, equivalente a aproximadamente 750 mil mujeres afectadas por conductas como el contacto mediante identidades falsas (36.5%), el envío de mensajes ofensivos (32%) y las insinuaciones o propuestas de carácter sexual (29%). Esta problemática plantea importantes desafíos institucionales en materia de prevención, denuncia, investigación y sanción de las conductas que afectan la integridad y la seguridad de las víctimas.
Ante este escenario, la supervisión familiar, la alfabetización digital y la construcción de marcos regulatorios adecuados trascienden el ámbito doméstico para convertirse en asuntos de interés público. La discusión impulsada desde distintos sectores —activistas, académicos, legisladores y autoridades gubernamentales— abre una oportunidad para reflexionar sobre el papel que deben desempeñar las plataformas digitales en la protección de los usuarios. Una educación tecnológica integral constituye una de las herramientas preventivas más importantes para salvaguardar la salud mental, el neurodesarrollo y la integridad de las infancias y juventudes mexicanas en una sociedad cada vez más mediada por algoritmos.



Muy cierto pero la causa más graves son los padre de hoy en día que les permiten a sus hijos desde temprana edad a tener celular en ja, china son unos de los países donde no les permiten Asus hijos traer un celular asta la universidad hoy en casi todo el mundo la generación de cristal tiene amenazados Alos padres de chocolate
Causa y la culpa de todo esto son los padres
De acuerdo, es indispensable hacer un buen uso de la tecnología y sí se requiere la supervisión de los adultos, en caso de usuarios menores de edad.
que interesante
Gracias or el comentario, saludos.
No negamos lo poderoso de las herramientas tecnológicas, coincidimos en la conveniencia de hacer un buen uso. Y la necesidad de una educación integral al respecto. Saludos.
P
Gracias por el comentario. Saludos
La tecnología es muy necesaria y de mucha utilidad, usándola responsablemente podemos obtener muchos beneficios. Aunque muchos cometemos el error de librar aparatos que ponen en riesgo la salud física y mental desde menores de edad hasta adultos que lo hacemos de forma indebida.
No negamos lo poderoso de las herramientas tecnológicas, coincidimos en la conveniencia de hacer un buen uso. Y la necesidad de una educación integral al respecto. Saludos.